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Leyendas - El Festín del Señor Coyote |
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El festín del señor coyote
Me pregunto, me pregunto quién estará cantando. Alguien debe de estar teniendo una fiesta. Quizás si voy allá puede que tengan algo para darme de comer. Así que se dirigió corriendo hacia el lugar de dónde procedía el sonido de los tambores. Había un montón de perrillos de pradera. Supongo que estaban simplemente celebrando la alegría de de estar vivos. Había uno de ellos con un tambor, tocando el tambor, y el resto estaban todos en círculo alrededor cantando. Coyote escuchó y pensó: Tengo que ir y aprender esa canción también. Así que se acercó y miro, y olfateó, y encontró a los perrillos de pradera. Todos se lo estaban pasando muy bien. Así que Coyote se paró y dijo: Puedo cantar con vosotros? Puedo bailar con vosotros? Oí vuestras canciones y me gustaría unirme a vosotros. Me gustaría bailar con vosotros. Los perrillos de pradera le dejaron que bailara en el medio de todos ellos con su larga y grande narizota, mientras cantaban esta canción: Ta-mú ta-mú taa phu phu Ta-mú ta-mú taa phu phu Tá da gi muu Tá da gi muu Los perrillos sabían que a Coyote le encantaban los perrillos de pradera, siempre está cazando conejos, perrillos de pradera, codornices… Bueno hoy voy a llevar a casa una buena carga – pensó. Mientras los perrillos bailaban el se unió a sus bailes, Y luego uno a uno se los fue cogiendo y metiéndolos en un saco, mientras el seguía bailando al ritmo de sus cantos, y luego cogía a otro y lo metía en el saco. Y muy pronto, Coyote era el único que seguía bailando, y dijo: Supongo que ya he acabado con todos. Ahora me voy a dar un festín!! Así que hizo un gran fuego, un gran fuego. Cuando el fuego se redujo a cenizas ardiendo. Puso todos los perrillos de pradera en las cenizas ardiendo para asarlos. Y se dijo Ummm, ahora voy a darme mi festín. Voy a comer todos los que mi estomago pueda aguantar, y el resto para la Señora Coyote. Se alegrará de tener alguno de éstos. Así que puso todos los perrillos en el fuego, en las cenizas, y como tenia que esperar un rato a que se hicieran, se recostó. Y muy pronto, empezó a entrarle el sueño. Y se fue a dormir. Y estaba profundamente dormido cuando dos lobos se acercaron, y dijeron: Que está haciendo Coyote dormido aquí junto al fuego? Le miraron y dijeron: Ummmm. Hueles algo? Huele delicioso! Veamos qué es lo que está cocinando en las brasas. Miraron, y encontraron a los perrillos de pradera asados. Coyote seguía profundamente dormido, así que los lobos se comieron a los perrillos de pradera. Con sus patas aun grasientas, se acercaron a Coyote y le engrasaron la boca y sus patas, y Coyote seguía dormido. Cuando los dos lobos se terminaron el festín de Coyote, se fueron pero se escondieron para ver que iba a hacer Coyote cuando despertara. Y después de un rato, Coyote se levantó, se estiró, y dijo: Oh, A ver que tengo aquí para comer. Creo que ya están hechos. Puedo olerlos. Así que se fue hacia el fuego. Y sacó una pequeña pata, y dijo: Si, ya están hechos!! Y sacó otra pata, y todo lo que encontró fueron patas pegadas a las brasas. Los dos lobos escondidos le miraban, y Coyote dijo: Alguien ha comido mis perrillos de pradera, pero encontrare quién!! Entonces los lobos se acercaron a Coyote y uno de ellos le pregunto: Que haces Señor Coyote? Y Coyote le contestó: Asé algunos perrillos de pradera, y pensé que me iba a dar un buen festín, pero alguien me los ha comido! Y los dos lobos le dijeron: Cómo puede ser posible que alguien los haya comido cuando tu tienes tu boca y tus patas llenas de grasa??? Incluso tienes trocitos de carne alrededor de tu boca. Y mira tus patas, están todas grasientas. Seguro que tu te los has comido y luego te quedaste dormido! Y Coyote les contestó: Pero ni siquiera me siento lleno. Me siento vacío. Y los lobos le dijeron: Por qué no vas allí, a aquel pino, y saltas?? Si saltas alto es que estas hambriento, pero si no puedes saltar muy alto entonces es que estas lleno. Coyote se fue hacia el pino, y saltó. Llegó casi hasta la primera rama. Y dijo: Ni siquiera sabía que podía saltar tan alto. Pero no estoy lleno. Estoy hambriento! Luego volvió a saltar de nuevo, y esta vez pasó de la segunda rama y casi alcanza la tercera, mientras los dos lobos se estaban riendo de Coyote porque sus estómagos si que estaban llenos. Coyote no hacía mas que mirar sus patas grasientas. Tocaba su cara y también estaba toda grasienta alrededor de su boca. Pero no he comido – decía Coyote – Tengo hambre! Después de un momento, se cansó de saltar para comprobar si realmente esta lleno o no, y se fue a casa y le contó a la Señora Coyote que había encontrado algunos perrillos de pradera, y que incluso los había cocinado. Pero no sé qué les pasó – dijo Pero mira tus patas- dijo la Sra. Coyote- Tu te has comido los perrillos. TU boca está toda grasienta, y también lo están tus patas. Así que no me cuentes mentiras. Ahora vete y encuéntrame algo para comer!!! Se fue de nuevo. Esta vez estaba muy hambriento. Ni siquiera podía ver bien. Iba tambaleándose por la carretera, intentando al menos encontrar una codorniz para llevarle a la Sra. Coyote. Bien, éste es el final de la historia. Porque si cocinas y te vas a dormir y no atiendes tu comida, alguien vendrá y te la comerá. Por Esther Martinez – P'oe Tsáwä (Blue Water) Cuenta cuentos de O'kang, San Juan Pueblo
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