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Leyendas - Cara Cortada y la Danza del Sol |
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Cara cortada y la danza del sol
-Quizá podría considerar tu propuesta -dijo con antipatía, si no tuvieras esa horrible cicatriz en la cara. Herido por sus crueles palabras, el joven fue en busca del Hombre Medicina, que era un anciano muy sabio y con grandes poderes curativos. Le explicó su problema y le preguntó si podía librarle de la cicatriz. El anciano meneó la cabeza. -No tengo ese poder -dijo-. Esa marca la puso ahí el Sol, y sólo el Sol puede quitarla. El anciano volvió a menear la cabeza. -Tampoco puedo ayudarte en eso. Sólo sé que su casa está muy lejos de aquí. Dicen que está detrás de las montañas del oeste. Puede que, si sigues esa dirección, le encuentres. Al día siguiente, Cara Cortada emprendió el viaje en la dirección indicada por el anciano. Durante muchos días y noches, atravesó las praderas, en dirección a las lejanas montañas. Preguntó en todos los campamentos dónde podía encontrar la residencia del Sol, pero nadie supo decírselo. -¿Qué te trae por aquí? -preguntó-. Pocos habitantes de la Tierra encuentran el camino al País de las Estrellas. Cara Cortada le dijo qué buscaba. Lucero del Alba le miró con más atención y reconoció a su hijo, al que no había visto durante tantos años. Llevó al joven a un lugar apartado y le contó la historia de Mujer Pluma y su destierro del País de las Estrellas. -Haré lo que pueda -replicó Lucero del Alba-, pero debo advertirte que el Sol puede ser muy obstinado e implacable. Desde la desobediencia de tu madre, la gente de la Tierra le cae peor que nunca. Pero quizá yo pueda convencerle de que te ayude. Por la mañana, después de que el Sol partiera en su viaje diario, Lucero del Alba hizo entrar a Cara Cortada en el tipi. La Luna se alegró muchísimo de verle pues le había querido mucho de pequeño, y escuchó su historia con simpatía. Pero al atardecer; al acercarse la hora del retorno de su esposo, empezó a ponerse nerviosa. Hizo que Cara Cortada se tumbara en el fondo del tipi y le cubrió con ramas de cedro. -Huelo a un extraño -gruñó-. ¿Dónde está? ¡Que salga! Entonces le presentó a Cara Cortada. El sol vio la marca de su cara y supo inmediatamente quién era. Mientras Cara Cortada se arrodillaba humildemente a sus pies, la Luna y Lucero del Alba hablaron elocuentemente en su favor, rogándole al Sol que le concediera lo que pedía. A despecho de sí mismo, el Sol sintió compasión del joven. -Eres mi nieto -dijo por fin-, y por eso no te haré ningún daño. Pero yo puse esa marca en tu rostro a causa del mal proceder de tu madre hace mucho tiempo, y aún no estoy dispuesto a suprimirla. Antes tienes que demostrar que lo mereces. En los días siguientes, Cara Cortada hizo todo lo que pudo para complacer a su abuelo. Pero el Sol se mantuvo distante y no dijo una palabra de quitar la cicatriz. -Me cuesta creer que la gente de la Tierra sea capaz de tales proezas -gruñó-. Enseñadme las cabezas y lo creeré. Cara Cortada regresó al lugar donde había matado a las grullas, les cortó las cabezas y se las llevó al Sol. Este puso la mano sobre el hombro de Cara Cortada y le dijo: -Te has portado bien. Ahora que has vencido a las grullas, éstas siempre nos temerán y no volverán a atacarnos. El Sol ordenó celebrar una danza. Se colocaron las cabezas de las grullas en sendos postes y, mientras Lucero del Alba y Cara Cortada tocaban sus tambores, el Sol y la Luna cantaron himnos en honor de la hazaña de Cara Cortada. Luego, el Sol le dijo: -Cada vez que la gente de la Tierra mate a sus enemigos, celebrarán una danza, y cuando alguien relate sus hazañas guerreras se cantarán canciones de alabanza. Luego el Sol le enseñó a construir una casa de baños de vapor. La Luna recogió retoños de sauce, y Lucero del Alba los clavó en el suelo en forma de círculo, entrelazando sus puntas para formar una cabaña baja en forma de cúpula. La Luna cavó un agujero en el centro de la cabaña y lo llenó de piedras al rojo. Cara Cortada y Lucero del Alba entraron en la cabaña y la Luna cerró la puerta tras ellos. -Vamos, Luna, dímelo tú. ¿Cuál de los dos es Lucero del Alba? La Luna miró a los dos hombres desconcertada. Era incapaz de distinguirlos. Señaló al azar, y el Sol estalló en carcajadas. -¡Te has equivocado, tonta! -gritó-. ¡Tu hijo es el otro! Miró a Cara Cortada y le dijo: -Puesto que ya no tienes la cicatriz, necesitas un nuevo nombre. A partir de ahora te llamarás Lucero del Alba Confundido. El Sol le regaló una camisa de piel de gamo decorado con tiras que representaban las cabezas de las grullas, y un par de polainas con siete franjas pintadas, que indicaban el número de enemigos muertos. -Estas franjas indican que has matado enemigos -dijo el Sol-. Todos los hombres de la Tierra deberán pintarse estas franjas en sus polainas cuando maten enemigos. El Sol le explicó a continuación los pormenores de la Danza del Sol que la gente de la Tierra debía celebrar cuando quisiera atraer salud y prosperidad para la tribu. Le pintó la cara con pintura roja. Trazó un círculo negro alrededor de su barbilla y le pintó una mota negra en el puente de la nariz. -Y así debéis pintaros cuando hagáis ofrendas en la casa de la Danza del Sol. Por último, el Sol puso una guirnalda de cedro en la cabeza de Lucero del Alba Con- fundido y le dijo que cerrara los ojos. Cuando el joven los volvió a abrir, se encontró en la Tierra, no lejos de su campamento.
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